El joven soldado Restrepo muere en combate, y sus compañeros bautizan con su nombre un puesto avanzado que conquistan en el valle de Korengal, el lugar más peligroso de la Guerra de Afganistán.
Sebastian Junger, periodista y Tim Hetherington, fotógrafo, retratan el día a día de un pelotón de marines estadounidense que combate contra los talibanes, “los malos” como les denominan ellos en sus conversaciones. Para grabar la película pasaron varios meses conviviendo con los soldados, consiguiendo así que las imágenes fueran auténticas y en ocasiones dramáticas.
La cámara nos muestra el carácter de los marines: son muy jóvenes, buenos compañeros y con escasa formación intelectual. Llaman poderosamente la atención los diálogos surrealistas que mantienen con los ancianos del lugar, con el objetivo de lograr su colaboración y su convicción de lo que para los soldados no plantea duda alguna: que son ellos los buenos y que lamentan los muertos civiles ocasionados.
Parece imposible el entendimiento entre dos mundos tan opuestos: por un lado los lugareños, sumidos en la pobreza y por el otro los jóvenes marines. En apariencia el único aspecto en común es la muerte que golpea ambos lados. El documental que en algunos momentos puede resultar repetitivo y difícil, invita claramente a una reflexión profunda sobre la guerra.

