En Mediateca: Gustav Mahler: Lieder con orquesta

El lied es un género musical típicamente germánico, surgido a finales del siglo XVIII, que busca una plena fusión entre poesía y música. Sus primeros grandes representantes (Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann) escribieron para voz y piano. Sin embargo, a finales del siglo XIX, en algunos casos la orquesta empezó a ocupar el lugar de éste.

Sin duda, fue Gustav Mahler quien en mayor medida se distinguió en este terreno. Cinceló partituras de una belleza a menudo sobrecogedora, en las que la grandeza trágica y las emotivas melodías conviven a menudo con un terrible sarcasmo. La variada, original y plástica orquestación es singularmente atractiva.

Siendo aún muy joven, dio ya admirables muestras de su talento, como los Lieder eines Fahrenden Gesellen (“Canciones de un camarada errante”) y luego simultaneó la composición de sus gigantescas sinfonías con la creación de otras primorosas joyas musicales. Los Wunderhorn-Lieder, los Rückert-Lieder y los Kindertotenlieder, datan de esta época y están muy vinculados a ellas.

Hacia al final de su vida, como una especie de testamento, compuso Das Lied von der Erde (“La canción de la Tierra”), un ciclo de lieder en forma de sinfonía cuyas dimensiones son realmente épicas. La muerte es el tema central de estas canciones y se halla también muy presente en muchas de las anteriores. Pocos artistas han logrado reflejar con tanta fidelidad e intensidad semejante realidad, tan triste y dolorosa como humana.

En la fonoteca de la UN contamos con buenas grabaciones de estas piezas que, si se escuchan prestando atención a los textos, resultan conmovedoras. Dos inteligentes cantantes –la mezzosoprano sueca Anne-Sophie von Otter y el bajo-barítono alemán Thomas Quasthoff–, bajo la batuta del italiano Claudio Abbado, un buen mahleriano, se encargan de las canciones sobre el Des Knaben Wunderhorn.

A las citadas voces se une la reputada soprano dramática lituana Violeta Urmana en un album que contiene los Lieder eines Fahrenden Gesellen, los Rückert-Lieder y los Kindertotenlieder. Empuña la batuta el francés Pierre Boulez, tan bregado en estas lides.

Imponentes son las versiones de los Rückert-Lieder y Das Lied von der Erde que registraron tres insignes intérpretes alemanes: la mezzosoprano Christa Ludwig, el tenor Fritz Wunderlich y el director Otto Klemperer. Mención especial merecen dos británicos –la mezzosoprano Janet Baker y Sir John Barbirolli en el podio–, capaces ambos de insuflar vida a estas notas con un fervor inusitado.

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