La película no es un documental sobre los Rollings Stones sino la grabación de un concierto que ofrecieron el año 2006 en el Beacon Theatre de Nueva York. Martin Scorsese dirige y Robert Richardson supervisa a un espectacular equipo de cámaras: Jhon Toll (Braveheart, 1995), Emmanuel Lubezki (Sleepy Hollow, 1999), Robert Elswit (Pozos de ambición, 2007), (Buenas noches y buena suerte, 2005)… y hasta una veintena más que con su gran experiencia y calidad logran transmitirnos un gran espectáculo.
En 1972, Scorsese ya realizó un trabajo similar en The last waltz, la grabación del concierto de despedida de la banda The Band, un grupo que había acompañado a músicos como Bob Dylan o Neil Young. Al visualizar ambos conciertos se aprecia la huella de un director común: el juego de luces, quizás más exagerado en El último vals; la participación de numerosas cámaras captando ampliamente los detalles, matices y gestos de los músicos; ese ambiente íntimo que Scorsese es capaz de recrear en un teatro abarrotado de público; y la combinación de imágenes de las actuaciones, con extractos de entrevistas realizadas al grupo cuando empezaban su carrera profesional , son aspectos presentes en ambos vídeos.
El film comienza mostrando el nerviosismo de Scorsese tras las cámaras, ya que hasta unos minutos antes del comienzo no conoce la lista definitiva de las canciones que se van a interpretar. Podemos ver también la llegada de algunos invitados ilustres como el Presidente Bill Clinton que viene acompañado de su esposa y algunos familiares y amigos. Los Rollings empiezan fuerte interpretando Jumpin’ Jack Flash y terminan con las conocidas Start me up y Brown sugar que levantan a un público entregado de sus asientos. Los espectadores lo agradecen acompañando a Mick con sus aplausos y sus cantos.

