En Mediateca: Biber: Sonatas para violín

Hasta hace no muchos años, Heinrich Ignaz Franz von Biber era poco más que un oscuro compositor cuya singularidad e importancia histórica destacaban algunos musicólogos. Sin embargo, sus obras apenas se programaban y no había registros sonoros de ellas, en parte porque se desconocía como abordarlas.

La progresiva recuperación de las técnicas y el estilo de interpretación barrocos, que comenzó en torno a 1970, ha cambiado por completo la situación. Hoy es reconocido uno de los grandes maestros de la segunda mitad del siglo XVII.

Nuestro personaje nació en un pequeño pueblo de la Bohemia de habla alemana y comenzó su carrera en Moravia, en concreto en la Corte arzobispal de Kroměříž. Sin embargo, pronto se trasladó a un puesto de similar naturaleza, pero mucho más prestigioso, y ejerció hasta su muerte como maestro de capilla del Príncipe-Arzobispo de Salzburgo.

Biber asimiló a la perfección las enseñanzas de los virtuosos trasalpinos, que con las nuevas técnicas de afinación, habían revolucionado el arte violinístico. También siguió la estela del austríaco Johann Heinrich Schmelzer, que había comenzado a explotar los recursos polifónicos de los instrumentos de cuerda.

Por eso, sus piezas se caracterizan por la espectacularidad y la expresividad. En ellas, las hermosas melodías de factura italiana, conviven con pasajes para dobles cuerdas. También contienen intensas y peculiares sonoridades, obtenidas gracias a la scordatura, es decir, al afinarlas en tonalidades inusuales. Las más famosas son las Sonatas del Rosario, que ilustran sus diversos misterios.

En la fonoteca de la UN contamos con excelentes registros de estas partituras, tan seductoras como difíciles de ejecutar. Los protagonizan auténticos especialistas en este repertorio, como el británico Andrew Manze o la francesa Alice Piérot. Menos lograda en la antigua versión del austríaco Eduard Melkus.

 

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