En Mediateca: Heinrich Schütz y la música alemana

Hasta finales del Renacimiento, los compositores de los países germánicos estaban muy lejos de desempeñar un papel clave en la evolución del arte de los sonidos. Sin embargo, un joven recién llegado de Italia, donde había estudiado con Giovanni Gabrieli, acabaría cambiando por completo la situación.

A Henricus Sagitarius –traducción de su nombre al latín–, se le suele considerar el padre de la música alemana. En efecto, desde que se instaló en la Corte de Dresde, ejerció una enorme influencia, fundamentalmente en la música religiosa. Fue él quien aclimató el oratorio y el motete –de origen trasalpino– al gusto luterano.

Sus obras ilustran con enorme elocuencia el contenido de los textos, tienen una notable solidez estructural, a menudo de base polifónica, y no pocas veces una rica instrumentación. A ello se añade una extraordinaria inventiva melódica que las dota de un gran atractivo.

Entre sus oratorios, destacan las Siete Palabras, Historia de la Resurrección, y sobre todo la Historia de la Natividad, la y. Menos interés tienen las pasiones, debido a las estrictas normas que limitaban los efectivos empleados.

Las colecciones de motetes, que contienen auténticas joyas, son numerosas: las tres series de las Cantiones Sacrae, los dos libros de los Psalmen Davids, las dos colecciones de Symphoniae sacrae, la Geistliche Chormusik, los Kleine geistliche Konzerte, y los Zwölff Geistliche Gesänge.

Mención aparte merecen las Musikalische Exequien, una de las más imponentes y emotivas piezas fúnebres de que se tiene noticia, compuesta cuando su autor había perdido a buena parte de su familia, a raíz de la Guerra de los Treinta Años.

Todas estas partituras apenas se interpretaban hasta hace un par de décadas, pero ha sido recuperadas durante los últimos años, y en la fonoteca de la UN contamos con excelentes registros de ellas, protagonizados por conjuntos especializados en este repertorio.

shütz

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