En Mediateca: Domenico Scarlatti, Sonatas para clave

Una de los casos más extraños de la historia de la música es el de este napolitano, quien acabó por consagrase casi en exclusiva a un solo instrumento. Nada hacía, sin embargo, presagiar que así fuera, pues había recibido de su padre, Alessandro Scarlatti, otro destacado compositor, una muy sólida formación, que le permitía abordar múltiples géneros, cosa que hizo durante su juventud.

Su llegada a Portugal, como maestro de Barbara de Braganza, la futura esposa de Fernando VI, acabaría trastocando su carrera, e incluso su vida. Con ella se trasladó a Madrid, donde permaneció hasta su muerte, algo no habitual, entre los artistas italianos expatriados, que solían moverse por las cortes y ciudades europeas.

Fue, en verdad, un español de adopción, no sólo por su larga residencia en nuestro país, sino porque su mujer lo era, y además asimiló con una increíble facilidad el folclore hispano y lo incorporó a sus obras, en las que es fácil advertir la presencia de las más diversas danzas y ritmos populares.

Su colección de 555 sonatas para clave es uno de los corpus más sorprendentes del arte sonoro, no sólo por su tamaño, sino también por su variedad, originalidad e importancia histórica. En ellas se detectan los albores del clasicismo, que vendría a sustituir al barroco, cuyo pilar básico es el dominio del arte de la modulación.

No tiene sentido acercarse a estas obras con la intención de escucharlas de una sola vez. Hay que degustarlas poco a poco para apreciar la inagotable inventiva melódica de su autor, su chispeante imaginación, su portentoso sentido y dominio del ritmo, su formidable capacidad para esculpir con notas pequeñas joyas, cuya lógica interna es implacable, aunque no sobrepasen los cinco o seis minutos de duración.

Hasta finales del siglo XX, puesto que había sido registrado de manera muy parcial, este auténtico tesoro permaneció en buena medida oculto. Si hoy ocupan el lugar que merece, ello se debe en gran medida el entusiasmo y el talento de Scott Ross, un excelente clavecinista estadounidense, fallecido en plena madurez, cuyo centro de operaciones estuvo no obstante en Francia. Fue el primero que tuvo la osadía de grabarlas todas, hazaña al alcance de muy pocos, mostrando una seguridad y una propiedad admirables.

 

 

scarlatti

Deja un comentario