En Mediateca: Edward Elgar y el renacimiento de la música británica

Tras la prematura de muerte de Henry Purcell, a finales del siglo XVII, la música inglesa experimentó una brusca decadencia. Por espacio de dos siglos, Londres acogió con los brazos abiertos a grandes compositores extranjeros, como Händel, Johann Christian Bach, Haydn, Mendelsshon y Dvorak.

Sólo a finales del siglo XIX surgió un creador que gozaría de amplio reconocimiento al otro lado del Canal de la Mancha. Se llamaba Edward Elgar, y era un católico de origen humilde, autodidacta y muy atento a lo que sucedía en el continente, a pesar de lo cual acabaría convirtiéndose en todo un símbolo nacional.

Aunque escribió notables oratorios, fuera de su país, es conocido sobre todo por sus partituras sinfónicas. Con las Variaciones Enigma, una auténtica exhibición técnica, le llegó la consagración. Vendrían después dos extensas sinfonías y los conciertos, el primero para violín, el segundo para violoncelo. Espectaculares, pero con menos enjundia son la obertura In the South y las cinco marchas agrupadas bajo el título Pompa y circunstancia.

Nuestro autor no fue nunca un innovador en lo que a la armonía y la construcción musical respecta. Sin embargo, dominaba a la perfección el arte de la orquestación y era capaz de desarrollar briosos temas y cincelar cálidas melodías. Por ello, sus obras tienen una admirable factura y mucho atractivo, aunque les falte audacia y profundidad.

En la fonoteca de la UN contamos con diversos registros de ellas. Es muy célebre la apasionada versión del melancólico concierto para violoncelo protagonizada por dos británicos: la malograda Jacqueline du Pré y el director Sir John Barbirolli.

Menos interés tiene la del celista ruso Misha Maisky, bajo la batuta de un italiano –Giuseppe Sinopoli–, acoplada con una lectura de las Variaciones Enigma que no se cuenta entre las mejores. Este concierto figura en otro CD dirigido por Norman del Mar, que contiene la obertura In the South.

La única alternativa en el caso del concierto para violín es la correcta lectura de dos artistas de ascendencia judía: Itzhak Perlman y Daniel Barenboim. De las sinfonías, con el complemento de Pompa y circunstancia, es muy estimable la grabación del estadounidense André Previn, al frente de un conjunto que conoce a fondo y ama este repertorio: la Royal Philharmonic Orchestra.

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