En la noche del 2-3 de mayo de 1808 cientos de madrileños fueron fusilados por pelotones franceses al mando del general Murat. Una de esas ejecuciones, la ocurrida en la colina del Príncipe Pío es la que refleja el cuadro de Goya Los fusilamientos del 3 de mayo. El pintor quiere dejar constancia en su obra del heroísmo y el sacrificio de los madrileños que se enfrentaron a unas tropas implacables, más numerosas y mejor armadas.
El documental, a través de entrevistas a historiadores relata los antecedentes previos y los sucesos ocurridos en esos días: durante la mañana del 2 de mayo, los madrileños se habían ido concentrando en los alrededores del Palacio Real porque se había extendido el rumor de que los franceses se querían llevar al Infante Francisco de Paula, el único hijo de Carlos IV que quedaba en España. Este incidente encendió las iras del pueblo español que al grito de ¡Que se lo llevan! se alzó contra las tropas francesas para evitarlo. Durante varias horas la lucha entre ambos bandos fue cruenta, encarnizada, hasta que hacia las dos de la tarde Murat consiguió aplacar el levantamiento. Acto seguido emitió la orden de ejecución sobre todos los españoles que ese día portaran armas. Los condenados se llevaron en grupos hacia diferentes lugares de Madrid donde fueron fusilados.
El cuadro se pintó al finalizar la guerra. Goya lo realizó con rapidez utilizando la técnica de mojado sobre mojado, es decir volver a pintar sin dejar secar la capa inferior. Al observar el lienzo se aprecia que todas las líneas confluyen en la figura central de la víctima, un hombre de camisa blanca y brazos abiertos que suplica por su vida, dirigiendo la vista hacia los soldados que con la cabeza baja no miran a los condenados. La pasión y la fuerza que encierra esa imagen determinan su permanencia en nuestra memoria visual.

