En Mediateca: Angry Inuk

¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza al hombre occidental al oír o leer “inuk”? El documental comienza dando respuesta a esta primera pregunta: una etnia del norte de Canadá y Alaska, lo que aquí denominamos esquimales, que basa su subsistencia en la caza de focas. De ésta depende tanto su sustento alimentario como económico. Dicen que del cerdo todo se aprovecha; los inuk de la foca. Venden su piel como negocio a través del cual subsistir para comprar gasolina, otros alimentos y enseres para la vida cotidiana.

La realidad, tarde o temprano, llega como fulgurante rayo. En los años setenta, varios grupos de activistas que abogan por defensa de los animales —entre los que se encontraba Greenpeace—, llevan ante el Parlamento Europeo una ley que frena por completo el comercio con las pieles de focas y, por consiguiente, su caza. Alethea Arnaquq-Baril, directora del documental, nos plantea una cuestión de difícil resolución para un vegano convencido: el hombre o la foca. Muchos de los espectadores del documental, dependiendo de sus inclinaciones, tienen a primera vista la respuesta. Ahora bien, ¿qué pasaría si nos encontrásemos en una situación en la que ese pueblo casi ajeno al mundo actual, del que no conoce apenas qué es un activista, se viese afectado por estas organizaciones? Hasta tal punto es así que, a partir de determinadas prohibiciones promulgadas por estas organizaciones pro animalibus, hicieron aumentar la tasa de suicidio entre esta etnia más de un 50%.

Alethea cuenta la historia de este proceso con filmaciones de su pueblo, con luchas pacíficas y dialogadas, con tanto amor a las focas como el que parecen tener esos grupos activistas; los mismos que tergiversan las imágenes de estos animales diciendo que sufren tanto en manos de estos bárbaros cazadores que lloran (el pequeño detalle que se olvidaron explicar fue que por naturaleza las los lacrimales de las focas emiten constantemente lágrimas para que sus ojos no se congelen ante el gélido frío del Ártico). El espectador pondrá durante todo el documental estos dos términos sobre una balanza: la dignidad humana y los derechos de los animales a vivir libres y sin tortura humana. Es del espectador la decisión de llegar hasta el final o quedarse sólo en las preguntas que plantean tanto la directora como las organizaciones activistas. ¿Un documental o un reto moral contra intolerancia étnica?

Reseña de: Adrián Suárez Martínez

 

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