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Documental sobre la octogenaria jueza del Tribunal Supremo de los Estados Unidos Ruth Bader Ginsburg, conocida por sus logros en sustanciales cambios legislativos, cara a terminar con injustas discriminaciones por razón de sexo. El film de Julie Cohen y Betsy West llega casi a la vez que el largometraje de ficción Una cuestión de género, donde Felicity Jones se encarga de interpretar a Ginsburg. Ha sido nominado al Oscar en la categoría de mejor documental, lo que se entiende más por la categoría del personaje retratado, que despierta enseguida la atención del espectador, que por los logros en la realización, pues sigue un formato bastante clásico, no demasiado brillante, incluso con algunas intervenciones de personas entrevistas introducidas con las preguntas de las documentalistas fuera de campo e inaudibles.

En cualquier caso, se ofrece un cuadro muy completo de la trayectoria de Ruth Bader Ginsburg, en las facetas personal, profesional y como icono de las causas no sólo feministas, sino también liberales y de defensa de los derechos de las minorías. El contraste entre su figura actual, pequeñita por la ancianidad, y la fortaleza con que defiende sus puntos de vista, funciona muy bien en pantalla. Se recuerda su largo matrimonio con un hombre que la amaba de veras, apoyándola siempre en su desarrollo en el mundo del derecho, las luchas con la enfermedad, la etapa como profesora, y las causas legales que introducen cambios en las leyes para que no se castigue injustamente a la mujer, lo que incluye su ingenio para usar un caso en que el discriminado por razón de sexo era un hombre. También tiene su encanto advertir que era admirada por personas con ideas muy diferentes a las suyas, y concretamente su amistad con quien también fue juez del Tribunal Supremo, Antonin Scalia, o ver las imágenes de archivo en que un comité del Senado la ratifica como candidata adecuada al alto tribunal.

Aunque el film está hecho desde la más rendida admiración, no se ocultan meteduras de pata, como la de pronunciarse desfavorablemente hacia el entonces candidato presidencial Donald Trump, algo que no puede hacer una juez de un tribunal que en el futuro habrá de pronunciarse, tal vez, acerca de decisiones presidenciales, y por lo que pidió disculpas. (Decine21)

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